Al borde

En huída de ruborosa tierra
zarpé al barco más cercano
sin pensar en la bienvenida que me daría la pavura
de mar afanado.

Decidí convertirme en marinero
al mi destino verse trocado
mas las lóbregas aguas que me llevan
la esperanza de mi decidía magruran.

¡Oh, decidía! A doquier que caminas
mal augurio contaminas
cuándo será el día
que actúes con correctía.

¡Regrésenme a mi tierra!
Pues marinero nunca he sido
devuélvanme la brisa ligera
de caminar descalzo en arenal conocido.

El viento zozobra y me azora
en medio de la porfía mía
la hartura de nuevo toma la decidía.

Quiero, quiero volver
pero el orgullo me ha vedado
considerando tomar revolver
al no hallar futuro en la lontananza.

Hoy te he visto otra vez y no ha pasado mucho tiempo. Lo sé porque mi cabello no ha crecido mucho desde la última vez que te vi: cuando decidiste irte, cuando te dejé ir.
Has traído aquél suéter azul que me gustaba tanto, el que me hacía pensar que no había más cielo que el que estaba colgado de tus hombros. Y es que te habías convertido en mi estación sin parada, en un rumbo sin camino, en prácticamente todo mi sistema solar.
Porque habías decidido toparte con un punto final al doblar la esquina que el destino no nos tenía preparado, pero estaba escrito, pero no era tiempo. Porque me dejaste perdida en aquél bosque encantado del que decidiste no rescatarme y yo, no sabía si seguir buscándote para terminar más perdida de lo que estaba o intentar trazar un mapa con nuestros recuerdos y lo que me quedaba de ti.
Habías sido un montón de rayones de tinta en mi vida sin ningún orden aparente, capítulos salteados, a medias… Un montón de páginas vacías que intenté, locamente, escribir para ti.
Habías cruzado todo lo que podía llamar mis sentidos en un abrir y cerrar de ojos, te habías vuelto torbellino en un instante, lo habías sido todo hasta que se te ocurrió llegar con un alternativo final
Y ahora, que has pausado las estaciones y has corrompido la loca y estúpida idea de lo que yo hacía llamar amor.
Dime,
grítame,
enloquéceme más si es que se puede
¿Cómo quieres que borre tus pupilas de las mías, si por mucho tiempo, tan sólo tú y sólo tú, fuiste quien las hacía dilatar? ¿Cómo pretendes callar al silencio que delata todos los secretos que he escondido con resoplar tu nombre? ¿Cómo pretendes que borre de mí, tu desgarradora existencia, que más que existir se ha convertido en ausencia? Dime que eres tú quien tiene las respuestas… que yo he rasgado y roto paredes en busca de ellas.
Arráncame las coordenadas de tus lunares escritas en mis venas para no huir a uno de ellos ahora que me siento perdida. Y es que las ganas desgastadas porque algún día vuelvas a pensar en mí, han decidido quedarse varadas. Mis brazos insisten en buscarte, no les he dicho que ya no estás, que es muy tarde, que no regresarás jamás.

Vuelve unos años atrás e imagínate a ti. Encuentra a el niño o a la niña que fuiste alguna vez. Cuéntale todo sobre ti, dile quién eres hoy en día. Háblale sobre todas las personas que se han robado tu corazón a lo largo de tu vida. Dile que has llorado cientos de veces por personas que quizás no lo merecían, también dile que en alguna ocasión han derramado lágrimas por ti. Cuéntale como te ha ido en el estudio, o en el trabajo. Dile que aún estás ansioso por vivir solo, o que quizás ya lo estás haciendo y las cosas no son como se esperaba. Dile que hay muchas responsabilidades que él jamás se imaginó. Luego de contarle todo lo que eres y haces, pregúntale si se siente orgulloso de la persona que eres hoy en día, pregúntale si ésto es lo que él quería ser. Trata de ver si estás donde siempre quisiste estar, piénsalo mucho. Sueña, y habla con ese niño, porque ahí está tu verdadero corazón, tus sueños, tus metas. Porque a veces es bueno volver al pasado y pensar si la vida que llevas te hace feliz, porque soñar como un niño, se siente grande.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑